[11/52] Por no preocupar

Que yo sepa, soy la única de mi familia materna con el tan codiciado diagnóstico. Mamá no es particularmente expresiva, yo tampoco; por eso sé que la ansiedad puede ser silenciosa. Abuela es super expresiva y cariñosa, por eso noto que décadas de ser «preocupona» quizá sean algo más. No estoy tratando de diagnosticar con trastorno de ansiedad a toda esa rama de mi árbol genealógico. Si acaso es una pregunta recurrente mía: ¿de dónde lo saqué? Tampoco es que haya una respuesta clara, hay tantas cosas en la vida que no la tienen. Lo que sí puedo atribuirles es esa mala maña de no avisar cuando algo malo pasa para «no preocupar a los demás».

De que Abuela pasó tres semanas en cama, con fiebre intensa y, en resumen, con Cobicho, me enteré una vez que se estaba recuperando. Cuando lo tuvo Mamá, supe una vez que la pruebas ya salían negativas y se pudo poner el anhelado refuerzo de la vacuna. De la hernia nos enteramos cuando la operación de Abuela era inminente y de qué tan complicados fueron los últimos días de tío; en el funeral.

Llevo años reclamándoles que eso no se hace, que está fatal, que me quedo más tranquila si sé y puedo apoyar en el momento. Y ¡Ah, la hipocresía!, de mi fractura se enteraron cuando ya habían pasado semanas y estaba pegado el peroné. Tuve que obligarme a luchar contra la vocecita de «No preocupes a los demás» para notificarles en cuanto lo supe, que me iban a operar el tobillo. Con todo, noto como hay amistades a las que sólo les dije si la necesidad me hacía pedir ayuda, a destiempo o ya estando en casa, luego del hospital. Y ahí está la vocecita que hace eco por generaciones «no preocupes a los demás», «Están ocupados con sus cosas». Siempre que puedo, me obligo a romper el ciclo. Siendo franca, mi récord de victorias es muy modesto.

Me choca tener que admitir que, a veces, ocultar información también es una forma de cuidar a quienes amamos. Conste que no digo que sea asertiva, sana o la mejor. Sólo que ES y, como muchas cosas relacionadas al amor o los cuidados, no obedece a una lógica exacta. Es la manera torcida de decir:

· Quiero que tu vida transcurra tranquila.

· Librarte de la ansiedad siempre que pueda.

· Ahorrarte una preocupación o disgusto.

· Aprecio tanto que te preocupes por mí, lo respeto y no lo tomo a la ligera.

Podemos expresar el cariño de tantas formas, torpes y complicadas. Damos por sentado que la forma de amar que aprendemos de nuestra familia es la que hay, porque cambiarla cuesta muchísimo. Pesa porque en el fondo de todo está un «por favor, quiéreme a pesar de mis errores de juicio» y también un «te quiero de la mejor forma que sé hacerlo». No podemos hacer más que eso: ir amado y cuidado a nuestras personas especiales un día a la vez, de la mejor forma que conocemos.

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Escritora, periodista, friki irredenta, adorkable y eterna aprendiz de sommelier con una pluma tan filosa como su espada. Accidente esperando a suceder.

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